El mayor donante del sistema de trasplantes

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La Organización Nacional de Trasplantes (ONT) lleva 25 años batiendo su propio récord mundial de donantes y trasplantes de la mano del nefrólogo Rafael Matesanz (Madrid, 1949), que en marzo se jubilará. Lo hará con la certeza del deber cumplido, de haber levantado “desde menos cero” el sistema nacional de trasplantes y haberlo convertido en líder mundial indiscutible, y sin más ambiciones para el futuro que “vivir, ver crecer a mi nieto, ir a mi casa de la Costa Brava y hacer esas cosas cotidianas para las que no he tenido tiempo”. Tímido y discreto de apariencia, pero audaz y gran conversador en la distancia corta, se ha autodefinido como un “germánico del sur”, y atribuye el éxito de la ONT “a muchas personas que forman parte de este proyecto coral”, por lo que sólo concibe que su relevo sea en favor “de alguien de dentro de la ONT, no de un cargo político”.

PREGUNTA. Después de tantos años al frente de la ONT, ¿se siente gestor o médico?
RESPUESTA
.Yo siempre me he sentido médico. Eso se nace y se muere. Y, además, lo que he hecho en la ONT no lo habría podido hacer si no hubiera sido un clínico. No se puede estar en un sitio como éste, que es fundamentalmente técnico, sin saber de primera mano lo que son los entresijos de la Medicina y de la sanidad. Uno llega a ser buen gestor porque previamente ha sido un buen clínico.

P. ¿Dedicar a un buen clínico a la gestión no es desperdiciarlo?
R.
No. En la vida hay tiempo para todo. Pero si uno es un buen clínico, detecta mejor cuáles son los problemas que hay en los hospitales y tiene sus ideas sobre cómo solucionarlos. Esa ha sido precisamente mi aportación a la ONT.

P. El Ministerio de Sanidad no acostumbra a estar en manos de médicos. ¿Teme que quien le suceda al frente de la ONT sea más político que médico?
R
. Hay algunos aspectos de la sanidad que los puede gestionar alguien que no sea clínico, pero otros, como la ONT que es un organismo técnico, sería totalmente absurdo. Confío en que sea alguien que ya esté en la ONT.

P. ¿Cómo fueron sus comienzos en la ONT?
R.
Totalmente heroicos. La dotación inicial eran dos secretarias y yo, y un edificio en el que no había ni teléfono. No había ordenadores ni presupuesto; nada. Los inicios fueron complicadísimos, pero teníamos algo a favor: este organismo, a diferencia de otros muchos que se crearon, hacía falta.

  • “Los inicios de la ONT fueron heroicos: dos secretarias y yo y ni un teléfono”

P. ¿Tuvo buena acogida?
R.
Depende. Los intereses fueron muy sectoriales. La acogida de los incipientes coordinadores de trasplantes fue francamente buena; la mayoría eran nefrólogos como yo, porque la base de los trasplantes de aquel momento era nefrológica, igual que ahora es intensivista, y eso me permitió una conexión con mucha gente que luego resultó básica… Pero entre los trasplantadores no renales hubo de todo. Los cardiacos tuvieron un comportamiento realmente agresivo y los de hígado, algo mejor… Pero cuando comenzaron a ver que las cosas iban bien y que empezó a haber más órganos, todo cambió.

P. ¿Y cuándo empezó a ir bien?
R.
El punto de inflexión fue en el año 1992. Empezamos en el año 89 y en el 92 éramos líderes mundiales, y eso representó un antes y un después. En aquel momento nadie me pidió perdón por la acogida inicial, pero con los años algunos sí.

P. Es que el mundo de los trasplantes siempre se ha asociado a… ¿Se ha topado con muchos divos en esta profesión?
R.
Muchísimos. Eso es consustancial a la Medicina. No es que para hacer trasplantes haga falta ser así, sino que los que son así, los más agresivos e inteligentes, optan por lo más puntero de su especialidad, los trasplantes. Pero eso en el fondo es una suerte porque a la hora de entenderse es mil veces preferible hacerlo con alguien muy inteligente, por mucho que se lo crea, que con un tonto. Yo he tenido la fortuna de discutir y llegar a acuerdos con gente muy inteligente. Y eso es un lujo.

P. ¿Y eso ocurre en todos los campos de la vida? ¿Quienes llegan arriba son los mejores?
R.
En política no estoy tan seguro. En política el valor más apreciado es saber llevarle la cartera a alguien. Igual que en la universidad. En la carrera de muchos catedráticos lo que hay es que han estado llevando la cartera al profesor de turno desde pequeñitos. Evidentemente no es la situación de todos, porque hay gente muy valiosa, pero sí de muchos dada la endogamia de nuestra querida universidad.

P. El Gobierno que le nombró sí le apoyaría…
R.
No. El Gobierno tenía un problema porque los enfermos renales protestaban, los profesionales de los trasplantes también protestaban y, como no sabía qué hacer , desempolvó un cargo que se había inventado [el ministro asesinado por ETA, Ernest] Lluch, y Julián García Vargas, que era ministro en aquel momento, me lo pasó a mí para inaugurar una sede vacía, sin presupuesto, sin personal… Fue un gesto de cara a la galería.

P. ¿Y a qué se debe entonces el éxito?
R.
El éxito se debe a que todo lo que hicimos partió de la base de la gente que estaba en los hospitales.

  • “Hace muchos años que ya no recibo presiones para saltarse la lista de espera”

P. ¿Con los años, el ministerio ha presumido de la ONT o ha rivalizado con ella por el protagonismo?
R.
Nosotros somos una pobre subdirección. A mí a veces me llaman director general, presidente y no sé qué más, pero somos el eslabón más bajo así que difícilmente un ministro puede haber sentido celos de eso.Pero cuando uno ha pasado por quince ministros se puede sentir más cómodo con unos que con otros.

P. ¿Y con qué ministros se ha sentido más cómodo?
R.
Tengo recuerdo especial de dos: Ana Pastor y Trinidad Jiménez. Han sido las que más han colaborado y, dentro del organigrama del Ministerio, recuerdo a gente comoFrancisco Sevilla, Pilar Farjas, Francisco Ortega… Pero también a muchos en las autonomías. La ONT es un proyecto coral.

P. Qué pasó con la ex ministra Celia Villalobos. ¿Por qué le destituyó?
R.
Ni merece la pena… Al principio me lo tomé muy mal, pero luego me sirvió mucho. Hizo que me fuera a Italia, un lugar paradisíaco. Allí aprendí mucho desde el punto de vista internacional, porque cuando uno está en la lejanía aprende a ver lo que hace bien y mal.

P. ¿Alguna vez pensó en dimitir?
R.
Muchas. Que sepas que en un momento determinado puedes irte si quieres es necesario, es un mecanismo psicológico de defensa muy necesario. Por eso a mí una de las cosas que más me enciende es que un profesional pueda acabar su carrera siendo interino. Una de las cosas que me ha dado más autoridad y libertad al tomar decisiones ha sido el saber que mi plaza en el Ramón y Cajal estaba allí. Si no hubiera sido por eso, en el momento de crisis con Villalobos me habría visto literalmente en la calle. Por eso me parece que es una injusticia que compañeros a los 40, a los 50 y a los 60 sigan siendo interinos.

  • “Tengo recuerdo especial de dos ministros: Ana Pastor y Trinidad Jiménez”

P. Ahora que nadie se atreve a discutir su capacidad , ayude al SNS antes de irse: ¿Se pueden organizar las listas de espera quirúrgicas de otra forma?
R.
(Ríe) Sin duda, sin duda. La experiencia de la ONT es perfectamente trasladable a todos los campos de la sanidad; cuando estuve en el extinto Insalud intenté organizarlas de otra manera y conseguimos unos descensos importantes y si ahora tuviera que hacer eso…

P. Tal vez ahora con la sanidad ya descentralizada no lo conseguiría.
R.
En la ONT nos creímos la descentralización de la sanidad en un momento en el que había sólo cinco o seis autonomías transferidas. Por eso, evidentemente, nos ha costado mucho menos adaptarnos a esa España de las autonomías de lo que les cuesta a otros.

P. Quizá la desigualdad regional les anime a dudar de la descentralización. ¿Cómo ha conseguido en trasplantes la equidad que falta en el resto del SNS?
R.
No es fácil. Lo que hemos conseguido en la ONT es fruto de muchos años y de un talante para tomar las decisiones de forma colegiada, nunca arbitraria… La base de todo fue el Consejo Interterritorial, que nadie aprecia en su verdadero valor. Fuimos una de sus primeras comisiones y a veces las discusiones allí eran muy fuertes, pero una vez que se tomaba una decisión de forma colegiada, no nos apartamos ni un milímetro de lo decidido. Yesa es mi visión de lo que debe ser un estado descentralizado.

P. ¿Ha recibido alguna vez presiones para saltarse la lista de espera?
R.
Al principio sí. Luego ya no. Las presiones siempre vienen de tres sitios: políticos, médicos y periodistas. Son los tres agentes que en su momento se consideraban con posibilidad de influir…. A veces eran presiones muy fuertes, pero aquello duró muy pocos años; hubo un momento en el que ya se puso de manifiesto que nosotros no estábamos dispuestos a modificar absolutamente nada, así que aquello se terminó. Hace ya mucho que yo ya no recibo ningún tipo de presión.

P. ¿Y agradecimientos? ¿Le reconocen por la calle?
R.
Sí. Yo soy bastante tímido y lo primero que me causa es pudor y extrañeza. Pero cuando quien te saluda es una persona que ha recibido un trasplante hace dos años o hace veinte y te dice que de alguna manera está viviendo gracias a lo que se ha creado desde aquí, eso sí se agradece y te llega al alma, porque sobre todo se pone cara a unas cifras y eso es fundamental. El peligro del gestor es precisamente que acabe considerando que todo en esta vida son cifras.

P. Trasplantes en círculo más cercano de amigos o familiares, ¿no habrá vivido ninguno, verdad?
R.
Sí. El más cercano, a mi madre. Estuvo en lista de espera hepática; se trasplantó y, lamentablemente, murió a los pocos meses. Llevaba yo tres años entonces en la ONT… De esas situaciones es de las que más se aprende. Aprendes lo que es estar en lista de espera. Aprendes lo que es que te llamen y que luego el hígado no sea válido, aprendes a desesperarte y lo que es un postoperatorio, aprendes que a veces va bien y que a veces no va…. Y que si cada año nos desayunamos con 5.500 personas en lista de espera, sabemos que son 5.500 situaciones dramáticas y que si eres capaz de solucionarlas, es evidente que estarás haciendo algo que tiene mucho valor.

  • “Lo que más me enciende es que un profesional acabe su carrera siendo interino”

P. ¿Recuerda la primera vez que pidió una donación?
R.
Recuerdo aquellas primeras veces, siendo residente en la Jiménez Díaz, allá por el año 1975. Lo que aprendí es que dependiendo de quién estuviese de guardia y pidiese los órganos te los daban o no. Es decir, la donación era más médicodependiente que familiardependiente.

P. ¿Y eso qué implica?
R.
Que había que profesionalizar la situación: la persona que pedía los órganos tenía que ser siempre la misma y estar muy bien entrenada. La segunda cosa que aprendí es que los que mejor detectan los donantes son los intensivistas, porque los tienen allí. Otra cosa importante es que esa persona que coordine tiene que ser médico, porque cuando uno ha vivido en un hospital sabe que para hablar con un médico hace falta otro médico; es un problema de simetría. Y esa es una de las razones por las que en muchos países el tema de la donación naufraga, porque el coordinador es enfermero y el médico asume la donación como algo secundario. Son cosas que marcan la diferencia de España.

P. Tal vez se deba a que el español es más solidario.
R.
Aunque sea muy bonito decirlo, no es cierto, porque todos los inmigrantes que están aquí están donando al mismo nivel que los españoles aunque procedan de países que ni siquiera tienen un sistema de trasplantes.Es cuestión organizativa.

P. Alguna diferencia tendremos frente a un país que ha elegido a Donald Trump como presidente.
R.
Probablemente Estados Unidos es un planeta distinto. Pero Europa no.

P. Entonces, a qué se debe el éxito. ¿A la organización?
R.
Ala organización pero también a la imagen. Cuando todos empezaron a colaborar en el 1992 fue precisamente porque dimos esa imagen de éxito y lo que más ayuda a triunfar es el propio éxito. Pero evidentemente tiene que tener una base de verdad: hay que tener esa base, pero también saber transmitirla. Y por eso hemos dedicado tanto tiempo a los medios de comunicación. Hemos conseguido que los trasplantes sean un orgullo nacional, y eso no ha sido fácil.

FUENTE: www.diariomedico.com

Author: Satot

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